Mostrando entradas con la etiqueta Valentina Roma. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Valentina Roma. Mostrar todas las entradas

¡De ese agua no beberé y al final te bebes dos litros!

Información al consumidor. 
Antes de empezar a rajar como si no hubiera un mañana... 
Quiero decir que esto lo digo desde eso que late a lo que llaman corazón, sí, se ve que oye, yo también tengo. 

Y ahora... ¡Empezamos!

Reconozco y no me escondo (básicamente, porque si me escondo… mis amigas vendrían a tirarme piedras al grito de: ¡Pero qué dices!) que siempre he sido la soltera de oro de mi grupo de amigas y si me apuras de amigos también, ¡oye! que yo ese puesto me lo he ganado a pulso durante el trascurso de los años que tengo, que tampoco son muchos, pero algunos sí. Últimamente cuando me preguntaban si me iba a echar novio yo respondía con un… 

¿Yo? ¿Por qué? 

Además, también era habitual que preguntará lo que para mí… eran cuestiones de vida o muerte, preguntas trascendentales que cambiarían el curso de toda vida humana. 

¿Qué come un novio? ¿Lo tengo que sacar a pasear? ¿Qué hago con él? Y la más importante todas, ¿puedo mojarlo? 

Porque todo el mundo ha visto a los Gremlins y sabemos que no están para una tormenta. Y tú, sí tú… qué dices que no has visto los Gremlins… pues no te gustaría, porque seguro que tenemos año arriba, año abajo la misma edad.

Así que el hecho de compartir mi vida con otro ser humano (claro, esto después de todos los gilipollas que me han tocado en la vida, pues oye… una tiene ya un rodaje por corto que sea) me parecía una puta locura, pero de locura de las de… ¡para encerrarte! Lo de tener hijos, ya ni os hacéis una idea. Qué todo el mundo sabe y si no, os lo cuento yo ahora que yo soy más de cachorritos, de esos que tienen cuatro patas, mucho pelo. Bueno, quizás no es el mejor ejemplo eso de las cuatro patas... 

¡Pero me habéis entendido perfectamente!

Qué una cosa os voy a contar y esto ha pasado como que me llamo Valentina Roma… El otro día (bueno, todo el mundo sabe que el otro día puede ser ayer o el día de mi nacimiento ¿estamos o no estamos?) iba yo andando por la calle con mi amiga Almu, quién dice calle dice por todo el centro de la Plaza Sant Jaume de Barcelona y me suelta: ¿Viste a ese chico? Oye, qué parecía un pollo sin cabeza, porque a mí es que estás cosas se me escapan. No lo entiendo, quizás el radar ese de encontrar a chicos guapísimos lo tengo desactivado ya de inicio, porque siempre me ha pasado lo mismo. Creo que cuando el gobierno nos deje salir, dejaré de ser la escudera de mis amigas porque no estoy dando una.

Eso sí… deja que me cruce con un cachorrito de esos que tienen la barriga gorda, qué te digo la raza, el color del collar, la correa y si me apuras me acuerdo del color de los ojos.

Y no, a los niños tampoco los veo, no sé, mi mente debe de pensar que son entes que se mueven o algo… cuando empiece a fijarme en ellos, quizás tenga que empezar a preocuparme, o no… quién sabe, quizás cuando empiece a fijarme en ellos no tienen tanta mala fama. 

Está bien, nada mejor que la vida misma para darte la madre de las ostias cuando menos te lo esperas y verte a ti misma comiendo arroz con leche del mismo plato que tu pareja y decirle con voz de gilipollas, “Amor, límpiate ahí que te has manchado un poco”. ¿En serio? ¡En serio! Os lo prometo, de verdad verdadera.

¿Quién soy? ¿Qué habéis hecho conmigo?

Así que hoy voy a dedicarme a tirarme piedras sobre mi tejado ya buscar las cinco cosas (quizás tengo muchas, pero así a voz de pronto son cinco) que negué en rotundo que haría y ahora, ejem… 

¡Vamos a empezar!

1.   Compartir comida.

En mi puta vida, jamás. Yo soy, o era, mierda… ¡ya no sé qué cojones soy! Bueno, era alguien que se pedía la comida para ella sola. Lo mío era mío y no se tocaba, jamás, en la vida. Quizás y solo quizás, si te habéis portado muy bien conmigo te comías una puta patata frita de mi plato y aún habiéndote dado la patata está claro que te iba a odiar durante un largo rato por haber osado a pedírmela. ¿Ahora? Ahora soy un ser humano que dice; “Prueba esto, ¡Está buenísimo!” En serio, ¿Quién cojones soy y qué habéis hecho conmigo?

Esto, está claro que es porque he pasado mucho tiempo confinada…

2.   Utilizar apodos cariñosos para referirnos al otro.

Lo peor de todo, es que los he odiado toda mi vida y me he reído mucho, muchísimo de mis amigas. ¡Qué cojones! Era la persona que decía, mi madre me ha puesto un nombre para algo, ¿sabes? No, para que vengas tú a llamarme como se te antoje. Está claro, ahora los uso a diario. Mi boca los escupe sin pedirle permiso ni nada a mi cerebro y no hay nada que pueda hacer contra ello.

3.   Poner una foto de perfil de los dos.

¡Es que en mi santa vida! ¡Esto sí que no! ¡Lo odiaba! Odiaba a las parejas que se ponían la foto de perfil en la fuente del centro besándose, era repulsión máxima y ahora mírame… Con mi foto de los dos y mi sobrina. ¡Qué monos que estamos los tres!

4.   “Buenos días, amor”

Yo soy marmota de nacimiento, soy de las que se quedaba dormida a mitad de una conversación, sin despedirme ni nada, a tumba abierta iba y cuando me despertaba… hasta que no me tomaba mi señor café y algún bollo… NI DE COÑA LE HABLABA A NADIE y menos un “Buenos días, amor. ¡Te he echado de menos hoy cuando me he despertado y no te he visto!” Solo me falta ponerle su camiseta de pijama a una almohada. Es que, de verdad, si mi yo de hace un par de años me viera… me pegaba un puñetazo en el ojo que me hacía las sombras instantáneas.


5.   De que le compres un cepillo de dientes a compartir armario.

Gente, creo que este es el paso definitivo hacía el amor. Un día, hart@ de llevar de excursión a tu cepillo de dientes para arriba, cepillo de dientes para abajo y mientras estás en el supermercado piensas; “Es un cepillo, ¿por qué no?” Y cuando menos te lo esperas, estás apretujando todas tus pertenencias para darle cabida a las de otra persona. Si permites amontonar tus bragas para que entren sus calzoncillos… 

Cariño, ahí ya no hay marcha atrás que valga.

Seguro que mis amigas ahora mismo están pensando… ¡Eso es solo el principio! Puede ser, ya os he dicho que solo se me ocurrían cinco. ¡Dadme tiempo, que seguro que en unos meses más lo peto!

Gracias vida, el Zas lo ha escuchado un amigo mío que vive en China y ha dicho que ha quedado oye, pues precioso. Con su eco correspondiente y todo.

Es divertido ser yo, aunque a veces… es difícil y más cuando el guionista de tu vida le da a escondidas a la ginebra y aún así, me encanta quitarle el nórdico a mi pareja, echarle de la cama o hacer bizcochos cual maruja de barrio.

Disney nos hizo imbéciles 2.0


El ocho de diciembre del 2009, con veintiún años creo que tenía, sí, sí, veintiuno… qué tiempos aquellos, en fin, a lo que iba que yo soy de enrollarme mucho. Aquel (imagino) que frío día de diciembre publiqué mi primer artículo. El que sin yo saberlo sería uno de los más leídos y el que me dio la oportunidad de escribir mucho, lo que yo quisiera, quizás lo hacía regular tirando a mal, pero qué bien que me lo pasaba.
Recuerdo que estaba enfadada, mucho, un montón, enfadada nivel… ríete tú de la mala malísima de la Sirenita. Porque yo aquel día era todas las malas en una, era Úrsula, era Maléfica era todas, todas en una. Aún no sé como en un cuerpo tan pequeño entraba tanta maldad. Bueno, con los años os puedo decir con nombres y apellidos porque o mejor dicho con quién estaba tan enfadada... pero no soy mala gente.
Hoy, muchos años después… tantos como que la semana que viene hago treinta y dos, rescatamos aquel artículo y le damos un aire renovado con la garantía de que hemos comprobado que Disney nos entreno a conciencia para ser gilipollas, porque como dicen unas amigas ilustradoras… Disney nos hace imbéciles, es un hecho… no me tiréis de la lengua, que si no después me repito como el ajo.
¿Estás preparada para volver a desmontar esos sueños de princesas?
Venga, ves a por un buen vinito, una tabla de quesos y empezamos.

Antes de empezar hay que dejar claro una cosa, todas, absolutamente todas las chicas de mi edad (y de otras edades, incluso las niñas de ahora) hemos crecido y están creciendo con Disney. Esto no es algo que os esté descubriendo yo ahora, solo estoy constatando un hecho. Así que solo espero que os hayáis dado cuenta (en algún momento de lo que voy a escribir a continuación) Porque Disney nos habrá enseñado muchas cosas, pero la mayoría nos la ha enseñado mal, qué digo mal, fatal, como el ejem, prosigamos. 
¿Cuáles son las peores lecciones que nos ha dado Disney?


1. Que hay que hacer un drama de absolutamente todo.

Muchas recordamos, bueno en verdad yo lo he buscado, pero vosotros no hace falta porque os lo voy a recordar yo… A Bella (la que se enamoraba de un perro grande con mucho pelo, sabéis ¿no?) tirándose a la cama a llorar como si no hubiera un mañana, como una descosida… Pero no es la única porque la Sirenita (sí, la chica mitad normal, mitad pescado) se tiró encima de una roca a llorar también, como si le fuera la vida en ello. Yasmine, (la que se enamoró del ladrón... ese que su socio era un mono, que ahora lo piensas y dices… ¿qué fumaban los que escribían estos cuentos?) En fin, esa también se lanzó a la fuente de su castillo a llorar, qué bueno mira, así el agua caía… vale, no me hagáis caso que sea un chiste horrible, prosigamos. 


La Cenicienta (esa que después de una fiesta perdió un zapato… que escuchadme bien, yo no quiero decir nada, pero en la vida real si pierdes un zapato volviendo de fiesta es que te has bebido hasta el agua de los floreros, eh…) después de que sus hermanastras (que eran muy hijas de puta) le rompieran el vestido, también se ponía a llorar, hasta que después de volver a llenar el mar de Aral de agua, aparecía esa señora regordeta con gafas y lo que ella decía que era una varita mágica y se ponía hacer conjuros ahí en medio del jardín como si no hubiera un mañana, escúchame también… alguien en serio me puede decir que se fumaban los guionistas, digo para que empiecen a repartir ¿sabes? Qué yo también quiero tener esos viajes guapos. Bien, esto no es necesario, de verdad que no lo es. ¿Qué mensaje le estamos dando a las niñas? Que para conseguir algo te tienes que tirarte en plancha a lo que tengas cerca, un banco de madera, una piedra o literalmente al suelo a llorar mientras pataleas y esperas que venga esa señora gorda, con gafas que parece que se haya hecho un pastel de marihuana antes de salir a la calle.

No sé, llámame loca, pero no lo estoy viendo claro esto.

2. Te conozco hoy y nos casamos mañana.

En serio, es que no hay por dónde coger esto. A no ser que te hayas bebido todas las reservas mundiales de Whisky, Tequila y Absenta juntos. De verdad, prueba hacer esto en la vida real y os prometo que os encierran, os encierran de verdad y tu madre te deshereda. ¿Estamos locos? Cómo te vas a casar con alguien que ni conoces, además que todo el mundo sabe que no necesitas un papel para demostrarle a la otra persona que le quieres. Esto lo sabéis, ¿verdad?

3. Todo mejora con una canción.

No sé si todas las “princesas Disney” tienen algún complejo de cantante de ducha, no pudieron entrar al casting de Operación Triunfo o qué te digo yo, llegaron tarde el día de las audiciones. Pero… yo no voy por la calle cantando como una loca, ni siquiera cuando mi novio se fue con otra que tenía más tetas que yo me lo dijo con una canción. ¿Acaso vas a la panadería y le cantas a la panadera que quieres una barra de pan? No, no lo haces porque entonces lo que haría tu entorno a parte de desterrarte del edificio dónde vives, porque imagínate tener a una loca al lado que se pasa el día cantando como si no hubiera un mañana, es encerrarte también, como la loca de las canciones… 
Y después es que las letras no hay por dónde cogerlas.

Por ejemplo: Tal vez muy pronto ya, mi príncipe vendrá… ya jamás nos diremos adiós y seremos felices los dos. Es primavera ya y suena su canción.

¿Pero no era príncipe? ¿Por qué entonces tiene una canción del verano? No le debe de llegar el sueldo de príncipe y por eso es pluriempleado, no hay otra explicación posible.

4. Los animales del bosque te limpian la casa y las ratas son buenas costureras.


Debe de ser que vivo en plena ciudad y por eso no he conseguido que mi perro coja la fregona y la pase por el comedor, debe de ser eso. Tampoco he ido por la calle como una loca con el vestido, los hilos y las agujas en busca de un par de ratas para que terminen de coserlo. Quizás porque la policía si me ve por la calle, en vez de animarme a buscar a las ratas costureras (esas que salen en las películas) lo más seguro es que me lleve a la planta de psiquiatría del hospital más cercano. Que así no me extraña que las niñas quieran un ciervo como animal de compañía, no me extraña si le estamos dando el mensaje subliminal de que ellos serán los que se encarguen de limpiar su habitación, ¿qué no lo estamos viendo?

5. Lo de Blancanieves es un caso aparte.

Blancanieves podría salir en portada en cualquier columna de sucesos, de verdad lo digo. Lo que pasa es que el señor Disney, sí, ese que dicen que se metió en un congelador y lo tienen ahí entre los guisantes y las barritas de merluza, lo endulzó hasta sufrir una sobredosis de azúcar. Pero ¿tampoco lo estamos viendo? Que esa chica se metió en una casa con siete tíos a vivir, enanos sí, pero tíos, al fin y al cabo. Qué encima los colgados la miraban cuando dormía, decidme si eso no es de primero de psicópata, ¿lo veis ahora? Con esto, ¿qué mensaje le damos a los niños de hoy en día? 


Qué luego viene una señora que tiene entre los noventa años y la muerte, le da una
tarta de manzana y ella tan tranquila la coge, cantando también y se la come. Literal, os lo prometo que se come la tarta, literalmente. Qué claro, vete tú a saber la de setas alucinógenas que llevaría eso que termina muerta (porque tiene un tono de piel que eso de estar viva no es. Dicen que está dormida en un sueño profundo, pero ese tono es de estar criando malvas por lo menos) en medio del bosque rodeada de los siete enanos y ala, a esperar que venga un chico a que le bese. Yo no sé… me despierto, veo a un tío que intenta besarme y yo la ostia se la doy por precaución, porque como decía Eva, muchos lo llamarán manzana envenenada, pero en la vida real eso se llama Burundanga. Y luego con la resaca en todo lo alto que tienes y qué no te acuerdas de nada, te giras y ves a los siete enanos y lo primero que piensas es… menuda fiesta me metí anoche.

6. Necesitas a un príncipe que te rescate, ¡SIEMPRE!

Como si fueras gilipollas y no supieras hacer nada. Da igual que sea un perro enorme que te tiene secuestrada y terminas desarrollando un síndrome de Estocolmo incurable (porque no os engañéis, lo de la Bella & la Bestia es un secuestro y un posterior síndrome de Estocolmo en toda regla), ni que te bese mientras duermes... Que esto parece que en estas películas es un clásico, yo lo veo un abuso en mayúsculas, porque… ¿me has preguntado si quiero que me beses? ¿Te he dado permiso? No, no te he dicho absolutamente nada porque estaba (por norma general) muerta, bueno no, perdón, que Disney lo llama estar en un “sueño profundo” Luego nos pasa lo que nos pasa y con razón, pero ¡qué no puedes besar a nadie a lo loco! qué eso en mi pueblo a parte de ser un poco (bastante) abuso es necrofilia. ¿Tampoco lo estamos viendo? Qué la Bella durmiente, no estaba durmiendo... estaba en el otro barrio, como Blancanieves. 

7.     Si eres feo, seguro que eres el malo de la historia.

No os habíais dado cuenta, ¿verdad? No pasa nada, para eso he llegado yo aquí, para contaros estas historias para no dormir. Pero no me voy a enrollar mucho y solo pondré mis dos preferidas… que, si no vamos a hacer esto más largo que un día sin pan.

Úrsula (La Sirenita): Parece que es una señora en plena crisis de los cincuenta y que se carda el pelo mucho en un tono más bien tirando a plata, que es mitad normal, mitad pulpo (no sé si estáis viendo como yo el exceso de sustancias dopantes de los guionistas de estas películas o aún no) con claros problemas de sobrepeso. Hombre, pues guapa, guapa, lo que se dice guapa… esta señora no es y según la describen en la película ni siquiera es graciosa, simpática o buena gente.  

Maléfica (La Bella Durmiente): No os imaginéis a Angelina Jolie, yo cuando escribí esto me refería a la primera Maléfica. Esa señora tenía la piel de color verde, ¡verde! Y no un verde bonito... luego iba con un cuervo que dices, esta señora seguro que lo ha sacado de la película de Alfred Hitchcock, porque… ¿qué loca lleva un cuervo en el hombro por la vida? Sin olvidar que va maquillada como si fuera a un after a las seis de la mañana, que combinado con esos ojos amarillos… la ves y tienes ganas de llevarla a un centro de rehabilitación por lo menos.
No hay un malo malísimo que sea guapo, no lo hay.

Gastón, el de la Bella & la Bestia no cuenta porque parece que sea un culturista venido a menos y guapo, lo que se dice guapo… pues tampoco.

8. Si con el drama no funciona, escápate de casa…

No, no me he vuelto loca. Ariel (la chica mitad pez, mitad humana) después de hacer el momento drama en la roca y ver que no conseguiría lo que quería… se largo de casa... Bueno, de casa no, de su trozo de océano... con toda su cola (vale, era un mal chiste) Y según parece más o menos en el cuento, esa niña no tiene que tener más de dieciséis años, pero no es la única que se escapa… La cenicienta (esa chica a la que una vieja fumada le ayudó se fue encima de una calabaza y sospechosamente perdió un zapato de vuelta a casa tras la fiesta) también se largó por ahí. Y aquí no termina la cosa, porque no es la primera que se larga a la primera de cambio. Venga niñas, si no conseguís lo que queréis después del momento drama, podéis hacer una mochila e iros a tomar viento fresco, sin problema, con total confianza que seguro que hay siete enanos locos que os recogen por la calle y se os quedan mirando mientras duermes... todo muy normal. 

9. ¿Por qué ninguna princesa tiene madre?

Qué problema tenía el señor que recordemos está (supuestamente) congelado, con las madres, ¿algún trauma infantil? Blancanieves no tiene madre, Ariel tampoco, Yasmine tampoco, Pocahontas creo que tampoco y así puedo seguir un buen rato. Sospecho que es porque todos sabemos que tendrían que haber dibujado a una madre zapatilla en mano con alguno de esos gritos característicos de madre (no, no me refiero al "No me pises lo fregao" aunque también podría) porque la cosa no habría salido como nos lo contaron en esos cuentos. Y esto lo digo, porque si conocéis bien a vuestras madres, ninguno de los puntos de arriba habrían existido y lo sabéis tan bien como yo.

10. Y por último miente… si total, es amor verdadero.

Porque da lo mismo si te secuestró, te encerró en una torre, te mintió sobre quién era o te beso cuando estabas muerta. Es un “príncipe” y es amor verdadero. Tú ponte guapa, que la apariencia es importante y sal a la calle a que te mientan, surrealista, ¿verdad?
Pues es lo que nos han enseñado toda la vida.


Así que cuando alguien te diga que estás siendo un poco dramática, respira, sonríe y piensa que te educaron con Disney porque tus padres (ilusos seres humanos) pensaron que te estaban enseñando valores a través de esas películas.

Pero no os equivoquéis. Ni todo mejora con una canción, ni las ratas son buenas costureras, ni va a venir nadie a salvarte, ni los animales del bosque te limpian la casa, ni vas a conocer a un chico hoy y te vas a casar mañana. No va a pasar y créeme que te alegras de que esto no pase, hazme caso, te alegras, te alegras y te estás alegrando mucho de que eso gracias a Hulk no pase en la vida real.

Y ahora inconformistas del mundo yo os hago una pregunta, ¿realmente le pondréis estás películas a vuestras hijas? Si es que sí, espero que antes le expliquéis que esto es como el porno, ciencia ficción.
Valentina Roma.
Ig. @lacaputtxeta.





Abrakadabra queridas, mañana os espero en el fuego.



AVISO IMPORTANTE: BUSO NEVERA, ME DA IGUAL EN QUÉ CONDICIONES ESTÉ… PORQUE LA VOY A TIRAR AL RÍO, SI TIENES UNA ESCRÍBEME A sonovalentinaroma@outlook.it
Me he pasado nueve años de mi vida aquí en (quierounloboferoz.blogspot.com) hablando sobre las cosas con pene (tres veces el auto corrector me ha puesto pena, no es por nada, pero ahí lo dejo, es algo para tener en cuenta) en fin, a lo que estaba, si ya dice mi madre que me enrollo más que una persiana.

En QLF, escribí durante nueve años que se dicen pronto y se pasan... no tan pronto sobre sexo y relaciones... cuando cerré esa etapa y empecé las aventuras mías, porque yo soy Valentina Roma, de ahí del nombre, me propuse no hablar sobre los hombres (hombres, cosas con pene, llámalo como quieras) del mundo en general y de mi entorno en particular. 

De verdad, me lo propuse de verdad, en plan propósitos de año nuevo. Esos que sabes tan bien como yo que el día dos de enero, ya los estás incumpliendo como si no hubiera un mañana, porque es así, no conozco a nadie que cuando termina el año diga, ¡Los hice todos, no queda ni uno!

No conozco a nadie, si eres tú ese alguien, tengo que decirte que oficialmente eres la excepción que confirma la regla que me acabo de sacar de la manga. 

En fin, a lo que yo iba, ya os he dicho que me enrollo más que una persiana. Yo me había propuesto eso seriamente, en plan bien, pero... ¡Coño! ¡Es que no me estáis colaborando en la causa! Así es prácticamente imposible que yo, Valentina Roma deje de hablar de vosotros, imposible, de verdad os lo digo. 

¡No colaboráis!
¡En ningún momento estáis colaborando!

Dicho esto, ahora solo puedo decir... ¡Qué empiece el juego!

A poquito más de dos semanas de celebrar mis vueltas al sol, he de decir que podemos cambiar de año ya, de verdad, no es necesario alargarlo más. 
¡NO ES NECESARIO!

Porque una cosa os voy a decir, entre puntos de sutura, cabrones y pandemias... he cubierto el cupo de cosas surrealistas este año, de verdad verdadera, os lo prometo.  

Antes de empezar a contaros algo sobre las cosas con pene que respiran de manera habitual, os tengo que contar algo que está relacionado directamente con esto y es que hace un tiempo, tuve la suerte de coincidir en esta locura llamada mundo (qué profundo me va a quedar esto) con mis brujas preferidas, sí, brujas, todas tenemos algo de brujas y aunque a veces rodeada de drogas legales y puntos de sutura me convierta en un ogro malo (ríete tú de Maléfica) por alguna extraña razón, me quieren y yo a ellas (que os estaba diciendo de profundo) Todas tenemos un grupo por el que soltamos lo más grande y podemos dormir tranquilas por las noches, todo el mundo. 

Permitidme que insista, si tenéis alguna nevera vieja, me da igual que funcione o no y no sabéis que hacer con ella.... ¡Avisadme! ¡De verdad que sí!

Bien, volvamos a lo importante, a lo que os estaba contando y no olvidéis lo de las neveras. Después de mucho debatir con mis amigas, creo firmemente en cuatro cosas, quizás en unas cuantas más, pero tampoco quiero abusar de Míster Blogger. 

1. Alguien tiene que volver a contar todas las verdades de las cosas con pene que de manera habitual respiran y para eso estoy yo aquí. Así que sí, fusionamos los dos Blogs y a partir de hoy... ¡Sálvese quién pueda!

2. Que Disney nos jodió la vida es algo que llevo diez años diciendo y ahora que asumió Marvel ya no sé quién tiene más la culpa de nuestras altas expectativas en cuanto a hombres se refiere... 

3. También creo que es un buen momento para recordar las entradas más emblemáticas de Quiero un lobo feroz, ya que no deja de ser algo nuestro.

4. Y desde hoy, a dos semanas de celebrar mis vueltas al sol... ¡Se terminó la niña buena! porque lo he intentado de verdad que sí, pero es que no es viable, nada viable, absolutamente nada. De verdad, a parte que es aburrido de cojones, pero bueno... tenía que decirlo. Que esto también tiene algo negativo porque el karma (que todos sabemos que es muy cabrón) me la va a devolver con creces, sí, lo sé, no tengo pruebas pero tampoco dudas.

Y esto de regalo. Con el invierno llegará: Iré al infierno por esto, que es nuestra última novela y no os la podéis perder. De verdad que no... porque es más intensa que todas las anteriores... 

Así que está noche lo vamos a quemar todo, para que mañana comience la aventura y yo solo tengo una pregunta que hacerte... 


¿Are you Ready?



Valentina Roma.

Ig. @lacaputtxeta 

El amor en tiempos de Tinder.



Hola, soy Valentina Roma. Como dice en la descripción y también estoy en Instagram @lacaputtxeta, aunque por norma general no llevo ninguna capa roja... Llámame loca.

Ahora y antes de daros la chapa, voy a presentarme... porque está mal llegar y ni siquiera decir algo sobre ti, ¿no? Nací en 1988, así que creo que soy milenial, no sé, he dicho creo porque nunca sé a partir de qué año eres milenial o imbécil. Aunque soy disléxica escribo libros, de verdad, de los que se leen... Increíble, ¿cierto? En fin, también estudié... quizás no bien, pero al menos terminé y no pude evitar acordarme de mi profesora de literatura que me decía que no llegaría ni a barrendera, pobre señora Rottenmeier. Tendría que haber pasado por el colegio a llevarle el máster, pero para qué engañarnos si nunca pasé a recogerlo. También llevé durante unos nueve años el blog #Quierounloboferoz, está bien, decía verdades sobre el sexo y algo que los hombres a día de hoy siguen sin entender. Voy a repetirlo a ver si está vez, queda claro. 

Nuestro clítoris tiene ocho mil terminaciones nerviosas... qué digo yo que no tiene que ser tan difícil encontrar alguna, ¿no?

En principio y en después aquí no vengo a criticar a los hombres, aunque ahora venga hablaros del Tinder, llámalo Tinder, llámalo Badoo, llámalo cualquier aplicación que capitaliza o intenta capitalizar el amor, bueno he dicho amor... tendría que haber dicho sexo o intento de sexo. Aquí vengo a contaros más cosas, muchas más, porque yo me levanto por la mañana y pienso hoy va a ser un buen día, ¿qué puede salir mal? 

Todo, puede salir mal todo. Pero bueno, voy a empezar a contaros lo que venía yo a contaros, porque me enrollo como una persiana y así, pues no se puede. Hoy había pensado en ir a la playa con mis primas, en plan salida de chicas... normal, ¿no? Pues está tronando, ¡TRONANDO! ¿Veis lo que os decía? Todo puede salir mal, pero mira, al menos refresca... estas frases las empecé a decir una vez hice los treinta... Si aún nos los tenéis, ya os llegará.

Hace veinticuatro horas me abrí un perfil en una aplicación de estas, pues por probar ¿no? Vale, en verdad me aburría como un árbol de navidad en agosto. Así que pensé, ¿por qué no? Total, así después os puedo contar "El amor en tiempos de Tinder. Llámalo Tinder, llámalo como quieras."

¿Qué te digo yo? Algún psicólogo, psiquiatra, psicoanalista puede pasarse un rato por esos lugares y así hacernos un favor a todos. Ya no solo porque llenarían la agenda para los próximos meses o incluso años... Es porque quiero que le saquen información de dónde consiguen esas drogas que se toman para tener los viajes guapos que tienen, de verdad, es necesario.

No sé si os habéis abierto un perfil en una App de ese tipo, no pasa nada, para eso estoy yo aquí, para informaros un poco y verlo desde otro punto de vista. 

En estas Apps tienes a los colgados (el de las drogas, los viajes y los unicornios) después tienes a los que tienen cuarenta años, siguen viviendo con su madre y se preguntan cosas locas como, ¿por qué sigo soltero? 
Que claro, tú en ese momento piensas... pues no sé amigo, yo tengo un par de teorías, pero tú verás... Tu madre te sigue poniendo bien el flequillo con su saliva, pero tú piensa y teoriza lo que quieras. 
Llámame loca, pero creo que ese detalle te puede dar un par de ideas al respecto. 
Está bien, perdón, mis amigas dicen que no lo digo bien. Pero es que no hay forma de decirlo bien, son unos armarios babosos, calvos (pero no calvos sexy, no, de los que dices... ¡ojo!), que visten como el culo ¡Cómo un loco sin ojos! Qué su madre le trae el Cola-Cao para merendar y le compra esos calzoncillos de señor mayor ¿sabéis los que os digo? Esos de pantalón rancio que tienen una especie de abertura que a la que te muevas un poco se te ve todo, ¿sabéis ya? Pues eso, mirad a ver si lo he dicho bien o no... 
Hombre, que es que así no pillas ni un resfriado.
Mis amigas por su parte dicen que son "especiales"... comprad la versión que más os guste, lo dejo a vuestra elección porque para gustos, colores.

Vale, perdón, sigo... veis como me enrollo como una persiana.

Después tienes a esas personas que cada vez que escriben un filólogo muere de pura desesperación y la RAE llora lágrimas de sangre, que no negras como la canción. Yo siempre he dicho que si el chico me escribe sin faltas de ortografía y con los signos de puntuación correctos... voy a la cita sin bragas. 


Esto es un claro ejemplo de los que tienen complejo de tuneladora.
También están los babosos salidos que solo quieren meterla por algún lado, el que puedan... yo les aconsejaría que se pusieran al sol (bueno, hoy no porque llueve, qué digo llueve... ¡Truena!) A ver si terminan de hacerse y dejan ese complejo de tuneladora barata que tienen, porque así no van bien, nada bien, cero de bien. Ellos nada más empezar te dicen que eres muy guapa, bla, bla, bla y después corriendo sin perder un segundo ¡Pam! foto, qué los colgados te mandan una foto sin avisar ni nada, a pura traición. ¡A veces incluso te asustas, te lo prometo! Y tú, que ya llevas años practicando eso de la sinceridad brutal y terrible, que también eres una moderna de la vida le preguntas, ¿eso te funciona normalmente? Y TE DICEN QUE NO, ¡QUÉ NO LES FUNCIONA! Amigo, ¿qué te digo yo? Deja de hacerlo entonces, ¿no? Porque yo no quería una foto tuya, no te había dicho nada de nada, estaba aquí de buen rollo con mis cosas de treintañera.... 
¿Qué pretendías? ¿Qué te tirara las bragas a la cabeza? No gracias pero no, no quiero fotos tuyas, ni fotos, ni virus, gracias. 

Es que no contento con eso, después te dice que te ha visto y ha empezado a sentir cosas por ti... tú piensas que son gases y claramente aún no se ha dado cuenta, pero siempre te dan ganas de decirle que eres terrible y por eso nadie se ha atrevido a darte el anillo de Sauron, ¡Qué por algo será!

Pero la cosa no queda ahí, claro, por supuesto... ¿cómo iba a quedar la cosa ahí? Cuándo ha entendido mucho tiempo después, que no tienes intención de tirarle las bragas a la cabeza te dice un "ok, borde" ¿Cómo que "ok, borde"? Qué he estado los últimos quince minutos de mi vida hablando de buen rollo contigo para no herir tus sentimientos... qué no te tomes las cosas bien no es problema mío, ¿sabes? no lo es, no lo es. Hazlo bien amigo, hazlo bien la próxima vez y no te preguntaré si esas cosas absurdas que haces te funcionan. 

Les pilota alguien ahí arriba, ¿eh? No, lo pregunto en serio porque me preocupa, quizás no estamos destinando los recursos suficientes para esta gente y necesitan más atenciones. También es verdad que le dije que por si le interesaba, había cursos para aprender a ligar en verano, en plan campamento... Vale, cuestan casi mil euros, pero coño, ya lo tienes, no tienes que estar haciendo el ridículo y probando a pico pala cosas que no te funcionan con nadie y esto lo digo con conocimiento de causa porque me lo contó, os lo prometo que me dijo que no le funcionaba con nadie. 

¡Qué tu mismo lo asumes! ¡Qué no te estoy diciendo nada nuevo!

Una amiga, de una amiga, de la prima de una conocida... Me dijo que había cambiado las etiqueta del champú del baño por el Tinder, que podías hacer "este sí, este no" mientras hacía sus cosas en el trono... 

Así que ojo, ¡ojo! Lo que vais a leer ahora, todo el mundo lo piensa pero he venido a decirlo yo. 

Románticos del mundo que os pensáis y os montáis la película de que ese chico maravilloso que en las fotos sale en un barco (que ya os digo que un poco más de postureo y no entráis en la foto) y te ha dado un "me gusta" digo me gusta, pero puede ser un Match o como se llame en cada aplicación, pues eso, te ha dado un me gusta mientras se tomaba una copa de vino y se imaginaba la vida junto a ti, en ese barco viendo el atardecer.. ejem, ejem. 

Como consejo personal, yo, Valentina Roma os aconsejaría que os empezarais a bajar de la nube porque después el ostión será terrible. Esto lo digo como idea, que luego podéis hacer lo que queráis.

No, no os penséis que estoy jodida... solo soy realista. 

En unos días os contaré porque creo que Disney nos hace imbéciles pérdidas, pero oye... paso a paso que ahora estamos hablando de las fotos y del amor en tiempos de Tinder, digo Tinder pero podría decir muchas otras Apps.

Después pasamos al tema fotos... están esos aspirantes a tronistas, Youtubers... ¿influencers? Qué buscan barcos, desiertos... entran a los restaurantes de lujo solo para hacerse una foto, de verdad os lo digo... Y luego estás tú, que eres igual de feliz comiendo una pizza que un rodaballo, sí, también existimos las raras que van más allá de la ensalada y no comparten el postre... ¡no lo compartimos! ¡Pide uno para ti y deja el mío! Joder, es que algunas nos suda lo que nos viene sudando y pasamos de los kilos de más, porque la comida es uno de los placeres de la vida. 

Aunque también están los "sinfotos", para ellos también tengo una pregunta, bueno dos, ¿qué os pasa? ¿No os gustáis? ¿Qué problema tenéis? ¿Alopecia? ¡Nos interesa saberlo! Porque si no, ¿Cómo demonios queréis que os demos match si no os vemos? ¡No os vemos! ¡No sabemos cómo eres! Qué a lo mejor eres un Brad Pitt, pero lo más seguro es que seas como Mr. Bean, ¿entendéis?

En estas veinticuatro horas de Tinder, me he dado cuenta que esto es un poco como cuando entras a "los chinos" tienes un poco de todo, no siempre de la mejor calidad y siempre está todo revuelto. Tienes calvos, barbudos, surferos hípsters de Madrid, qué tú dices hípster vale... ¿Pero surfero? ¡Qué Madrid no tiene playa! En fin, sigo... Bomberos, pardillos, bomberos pardillos, atletas sexuales, asexuales, muy españoles y mucho españoles, los que están de vacaciones y no hablan ni papa tu idioma pero que te dicen (esto es muy real) que podéis comunicaros con emoticonos, en serio, veis lo que os decía de las drogas y los viajes... Gente que va a tumba abierta con el pecho lobo al descubierto, los que se depilan mejor que tú, los padres solteros, los músicos, el que se piensan que con animales ligará más... Los feos, los guapos, los orcos de Mordor que han venido de vacaciones de verano a tu ciudad... 

Mis amigas dicen que también hay gente normal. Ya les he dicho que claro, ¡estoy yo y yo soy normal! bueno, tampoco mucho pero quedaba muy bien si lo decía. 

En fin, no sé qué pasará... Pero pase lo que pase, no dudéis que os seguiré contando mis aventuras. Sobre todo los días que decido ir a la playa y termina tronando como hoy. 


pd. No salgáis todos corriendo a la ventana porque esto no ha pasado hoy, no me imagino tormentas con truenos... de momento no me drogo. 
Venga, disfrutad de la playa y el solecito que en nada nos vuelven a confinar. 


Valentina.